Barras bravas, los hinchas más corruptos y violentos del mundo

1. ¿Qué son las barras bravas?

Fuente: diez.hn
 
También conocidos como ‘mercaderes del aliento’, las barras bravas son grupos ultras latinoamericanos que animan fieramente a sus equipos, mientras se emborrachan, se drogan, trapichean y causan episodios de violencia, a menudo muy graves. Todo ello con el ‘beneplácito’ de los dirigentes de los clubs, que les pagan un tributo por miedo al chantaje y a la extorsión.
 

2. Código y Modus Operandi.

Fuente: taringa.net
 
Les mueve el odio hacia los rivales y la venganza por los altercados que van viviendo, a veces incluso entre miembros de una misma barra brava. Cuando hay un muerto, que suele ser cada dos meses aproximadamente, todos callan. Nadie se hace responsable y nadie indaga. El código del silencio es de lo poco que respetan.
 

3. Argentina, cuna de las barras bravas.

Fuente: libertadyprogresonline.org
 
A pesar de haberse extendido por varios países latinoamericanos, las barras bravas nacen en la Argentina de los años 50, tras la muerte de un joven a manos de la policía. Con el tiempo el fenómeno se populariza, el número de muertos aumenta y las barras bravas se institucionalizan al ser financiadas por los dirigentes de los clubs. Hoy en día, Argentina sigue siendo el país en el que estos grupos tienen más fuerza.
 

4. Una lógica corrupta.

Fuente: canchallena.lanacion.com.ar
 
En su reportaje Con Barras Bravas, Jon Sistiaga explica la lógica que siguen para financiarse: si el fútbol es un negocio millonario, en el que los dirigentes de los clubs sacan tajada vendiendo jugadores jóvenes a Europa, ¿por qué no van a enriquecerse ellos, que dan ‘aliento’ como nadie en cada partido? Y al presidente que no esté conforme se le dice que saben donde estudian sus hijos y a qué hora salen del colegio.
 

5. Una jerarquía mafiosa.

Fuente: mundod.lavoz.com.ar
 
En lo más alto de las barras bravas están los ‘referentes’, los capos con contactos en los clubs, en la política y en la policía. No se reconocen como líderes para evitar responsabilidades en caso de muerte o paliza considerable. Después vienen los pibes, que son los hombres de confianza de los referentes y en tercera línea están los soldados, la mayoría de chavales jóvenes que hacen el trabajo sucio de las barras bravas.
 

6. Su verdadero poder.

Fuente: ecbloguer.com
 
Las barras bravas tienen el poder de decidir si un jugador no debe jugar o si un entrenador debe ser destituido. Basta con que muestren una pancarta expresando su opinión. Por otro lado, los políticos pagan a estos radicales para que se postulen a favor o en contra de un político u otro.
 

7. De camino al estadio.

Fuente: barrabrava.net
 
La mayoría de equipos de la Primera División argentina son de Buenos Aires. De hecho, hay un tramo de 10 kilómetros en el que se encuentran hasta 30 estadios de fútbol. Cuando hay partido, la policía, a menudo ‘sobornada’ por las barras bravas, dedica efectivos a organizar el paso de los autobuses de cada barra brava, sin que se crucen entre ellas. En esos autobuses, los ‘barrabravas’ caldean el ambiente cantando, bebiendo y drogándose.
 

8. En el estadio.

Fuente: elconfidencial.com
 
La presencia de las barras bravas en el estadio es espectacular: grandes banderas y telas con los colores del equipo, lonas con mensajes contundentes y ensordecedores cánticos, que demuestran su ‘aguante’: la pasión que viven por su equipo gane o pierda durante el tiempo que haga falta. También provocan enfrentamientos violentos entre ellos o con la policía.
 

9. Lo que opinan las autoridades.

Fuente: venado24.com.ar
 
Policías y políticos suelen decir que son ‘un mal necesario’ del país. Al fin y al cabo, mantienen negocios turbios con ellos.
 

10. Lo que opina el resto de la hinchada.

Fuente: taringa.net
 
Hay opiniones para todos los gustos; algunos consideran que las barras bravas se han ganado el privilegio de permanecer en los estadios, pero muchos otros las condenan y repudian y solo esperan que llegue el día en que desaparezcan, para que un deporte tan bello como el fútbol no se manche con tanta corrupción y violencia.